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Nicolás Márquez – La crítica liberal a Martínez de Hoz

La crítica liberal

Si bien se acusa con insistencia a Martínez de Hoz de “liberal”, él no se autodefine como tal sino como un “demócrata cristiano” (partido al cual estuvo incluso afiliado). Tanto es así que, para fundamentar el intervencionismo que se le adjudica a su gestión, apela al “principio de subsidiaridad’ y argumenta que “este principio, contenido en la doctrina social de la Iglesia católica, no significa que el concepto moderno de la función del Estado en la economía implica dejarlo como simple espectador de la acción económica (laissez faire, etc.) sino, que es función del Estado reservarse la orientación global de la economía” [95]

No obstante, queda claro que si bien no fue una gestión liberal, su enfoque a rasgos generales estuvo dirigido a dar prioridad a la libertad de empresa y a reducir el estatismo.

Desde el punto de vista doctrinario, muchos liberales acusaron a Martínez de Hoz (entre varias cosas) de controlar el tipo de cambio y por ende contrariar los principios básicos del mercado libre. Martínez de Hoz contesta al respecto sosteniendo que inclusive “hasta el ‘patrón oro’ clásico fue precisamente un régimen de tipo de cambio fijo” y que “el sistema de tipo de cambio nominal ha sido el procedimiento que ha tenido mayor vigencia histórica tanto en la Argentina como en el resto del mundo. Además se considera muy difícil salir de una situación altamente inflacionaria con un tipo de cambio libre, por la volatilidad e inseguridad que sus variaciones traen aparejadas”.

Los sectores liberales, a las críticas antedichas, le suman y le enrostran la estatización de las empresas Aerolínea Austral y Compañía Italo, pues sendas estatizaciones fueron tomadas como una flagrante contradicción con el espíritu privatista que el ministro pretendía llevar adelante. Sin embargo, Martínez de Hoz respecto de la compañía Austral dice que la misma estaba al borde de la quiebra y emitió un decreto ordenando la estatización, por ende “lo que en superficie aparecía como contradictorio no lo era, sino por el contrario, resultaba absolutamente coherente… esa acción se llevó a cabo con la finalidad de evitar la eliminación de la única competencia que existía en materia de transporte aerocomercial de cabotaje (junto a Aerolíneas Argentinas)… de no haberse evitado la liquidación de Austral, hubiera renacido el monopolio de Aerolíneas Argentinas… coherentemente con este propósito, en el mismo decreto se establecía que, una vez cumplidos ciertos requisitos, especialmente los de saneamiento de la empresa, debía llamarse a licitación pública para que la misma fuese transferida nuevamente el sector privado” (cosa que ocurrió en 1987)[96] En cuanto a la estatización de la compañía de electricidad Italo, fundamenta Martínez de Hoz que existían compromisos previos a su gestión -puesto que dicha operación fue anunciada por el gobierno anterior, el 17 de octubre de 1974- y, debido al avanzado estado de las negociaciones, no se pudo revertir la operación de compra.

Asimismo, estos sectores mucho le criticaron también la política de gradualismo y el saneamiento de empresas estatales, pues proponían como solución la privatización lisa y llana. Martínez de Hoz se defiende alegando: “La situación de desastre en que se encontraban muchas de ellas, además por razones políticas ya mencionadas, hacía imposible encontrar interesados en hacerse cargo de ellas para lograr su privatización… mientras tanto el proceso privatizador comenzaba con aquellas empresas y sectores donde se podían lograr resultado inmediatos. Además había una verdadera renuencia por parte de las empresas privadas… pues temían que un gobierno futuro pudiera anular sus respectivos contratos, existiendo al respecto ejemplos en un pasado no muy distante.” [07] A modo de ejemplo, cuenta Martínez de Hoz que en torno a la posibilidad de privatizar la telefónica ENTEL “las más importantes empresas del mundo desfilaron por mi despacho y, frente a mi requerimiento concreto, todas, sin excepción manifestaron no tener ningún interés en tomar a su cargo la operación del sistema telefónico por temor a que en posibles cambios de gobierno se les aplicaran políticas de tarifas insuficientes o directamente se las expropiara”.[98]

Se suele retrucar este argumento afirmando que el gobierno del presidente Augusto Pinochet, en Chile, a pesar de ser de facto y en similar época sí pudo llevar adelante un proceso integral de privatizaciones y de reforma del Estado. Sin embargo, en sentido contrario, se señalan dos diferencias importantes. Primeramente, el Proceso de Reorganización Nacional ya había instituido desde su inicio, en su acta fundacional, que el objetivo gubernamental era devolver al país una “democracia moderna, eficiente y estable” (de modo que era parte del programa volver al proceso electoral en el mediano plazo y cambiar el gobierno) y en segundo lugar, Pinochet no gobernó cinco años como Videla, sino diecisiete y tampoco llevó a cabo las reformas de inmediato, sino pasados varios años. De hecho, el gran mentor de ellas, el ministro de Economía chileno, Hernán Buchi, se hace cargo de la cartera de economía en 1985, y el gobierno de Pinochet había comenzado en 1973 (doce años antes).

En esta inteligencia, Martínez de Hoz complementa explicando: “Gran Bretaña, bajo el gobierno de la primera ministra, Sra. Thatcher, que asumió en 1977 ejecutó uno de los programas de privatización más amplios y admirados en el mundo, el mismo sólo comenzó a llevarse a cabo durante su segundo período de gobierno, o sea, transcurridos los primeros cinco años.

En la Argentina, en cambio, durante los primeros y más difíciles cinco años de gestión, a partir de 1976, se habían preparado no sólo las bases para llevar adelante el proceso de privatización, sino que se comenzó a ejecutar el mismo como lo demuestra la reseña que se ha efectuado. Desafortunadamente, al finalizar el presidente Videla su mandato a fines de marzo de 1981 se interrumpió bruscamente la acción en marcha a este respecto, en lugar de capitalizar todo el esfuerzo realizado”.[99]

 

NOTAS:

[95] Martínez de Hoz, José Alfredo, 15 años después, Buenos Aires, Emecé, 1991, Nota 80, p.26

[96] Martínez de Hoz, José Alfredo, 15 años después, Buenos Aires, Emecé, 1991, Nota 80, p.79

[97] Martínez de Hoz, José Alfredo, 15 años después, Buenos Aires, Emecé, 1991, p. 58

[98] Martínez de Hoz, José Alfredo, 15 años después, Buenos Aires, Emecé, 1991, p. 77

[99] Martínez de Hoz, José Alfredo, 15 años después, Buenos Aires, Emecé, 1991, p. 86

 

Fuente: Márquez, Nicolás, La mentira oficial, Bs. As., el autor, 2007, pp. 262-264




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