El umbral del post-mileísmo: cuando la economía aprieta, la política se adelanta – Por Ricardo Raúl Benedetti
En millones de hogares argentinos la escena se repite con una precisión incómoda: el sueldo entra el primero de cada mes… y antes del veinte ya desapareció. No porque alguien gaste de más. Porque no alcanza. La luz sube. El gas sube. Las expensas suben. Los ingresos, no. Y no, no es una “sensación”.
En Argentina ya escuchamos ese argumento. Cuando el kirchnerismo hablaba de “sensación de inseguridad”, la realidad le pasaba por arriba. Hoy, cuando Javier Milei plantea que la economía crece pero la gente siente frustración, el eco no es casual. Es histórico.
La economía real: los números que incomodan
Los datos están sobre la mesa y son consistentes entre fuentes. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC mostró una caída de 2,6% en febrero respecto a enero y de 2,1% interanual. Sectores clave como la industria manufacturera y el comercio minorista explican gran parte de esa contracción.
En paralelo:
La industria acumula caídas interanuales cercanas al 8%
El comercio minorista retrocede en torno al 7%
El desempleo se ubica alrededor del 7,5% hacia fines de 2025
Los salarios reales siguen por debajo de los niveles previos al ajuste
A eso se suma un dato estructural: los gastos fijos —servicios, transporte, vivienda— ya absorben cerca de una cuarta parte del ingreso familiar, varios puntos por encima de 2023. No es percepción. Es restricción económica concreta.
La macro ordenada: el activo político del Gobierno
Sería un error no reconocerlo. El gobierno de Javier Milei logró en menos de tres años algo que no ocurría desde hace más de una década:
Superávit fiscal primario y financiero sostenido
Desaceleración marcada de la inflación
Reducción del déficit cuasi fiscal
Una señal de disciplina que recuperó credibilidad externa
El ministro Luis “Toto” Caputo sostiene ese rumbo con una convicción que no deja margen a ambigüedades: no hay espacio para desvíos, no hay margen para expansión sin respaldo. Es coherente.
Pero la política no se juega solo en la coherencia técnica. Se juega en la vida cotidiana.
El punto ciego: cuando la macro no llega al bolsillo
Ahí aparece la tensión central de este momento. Mientras el Gobierno consolida el orden macroeconómico, la economía doméstica sigue bajo presión. Y ese desacople empieza a tener consecuencias políticas.
Consultoras como Management & Fit, CB Consultora, Poliarquía y Atlas Intel coinciden en un diagnóstico: el principal factor de desgaste del Gobierno no son los escándalos. Es la economía del hogar.
El dato es consistente: la pérdida de poder adquisitivo, el temor al empleo y el freno del consumo explican la mayor parte del malestar. Los escándalos —como el caso Adorni o el episodio $LIBRA— no generan el problema. Lo potencian. Y en el ecosistema digital, ese efecto se multiplica.
Según la consultora Ad Hoc, la conversación online sobre el Gobierno muestra un aumento sostenido de negatividad y una caída en el volumen favorable. No es solo una crisis económica: empieza a ser también una crisis narrativa. Cuando se pierde el control del relato, la política entra en otra fase.
El antecedente incómodo: 2019
La historia reciente ofrece una advertencia clara. El gobierno de Mauricio Macri también logró avances en términos de normalización económica. También habló de transición, de herencia, de costos inevitables. Pero los datos de 2018-2019 —INDEC, Banco Central y FMI— muestran el desenlace:
Recesión profunda
Caída del salario real
Pobreza en 35,4% en el primer semestre de 2019
Deterioro del empleo
Pérdida de poder adquisitivo en sectores medios
Primero se deterioró el bolsillo. Después se deterioró el voto.
El sistema político ya está en modo 2027
Mientras el Gobierno sostiene que “lo peor ya pasó”, el sistema político actúa como si el futuro estuviera abierto. El peronismo se reacomoda.
Axel Kicillof aparece mejor posicionado en algunos sondeos, pero enfrenta tensiones internas evidentes: La Cámpora condiciona, y Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo el factor ordenador —o desestabilizador— del espacio.
El pasado puede volver. Pero no sin conflicto interno.
La interna silenciosa del oficialismo
El fenómeno más subestimado está dentro del propio gobierno. Patricia Bullrich crece en protagonismo, capitaliza gestión y construye volumen político propio. Del otro lado, Karina Milei impulsa una lógica distinta: armado cerrado, identidad libertaria pura, lealtad sin fisuras.
No es una ruptura. Es una tensión estratégica: apertura vs pureza; expansión vs control. Y esa discusión define el futuro del oficialismo.
Macri se reorganiza
Mientras tanto, Mauricio Macri no espera. Recorre el país, se reúne con empresarios, mide el estado del PRO, explora acuerdos con la UCR y otros actores. No está especulando. Está reconstruyendo.
En su entorno lo sintetizan así: volver no es una ambición, es una responsabilidad. Cree entender mejor que en 2019 qué falló, qué no vio y qué corregiría. Y, sobre todo, cree que puede ofrecer una síntesis más estable que el actual esquema de poder.
No es una candidatura confirmada. Pero dejó de ser improbable.
Las tres tensiones que definen el rumbo
Argentina entra en una etapa donde conviven tres fuerzas en movimiento:
Un oficialismo que necesita sostener el orden económico, pero empieza a mostrar tensiones internas sobre cómo continuar
Un peronismo que intenta rearmarse sin haber resuelto todavía su liderazgo ni su identidad
Un espacio no peronista que busca reorganizarse alrededor de una alternativa propia con ambición de poder
No es una grieta. Es una reconfiguración del sistema.
El verdadero desafío
El desafío ya no es estabilizar. El desafío es sostener. Sostener el orden macroeconómico, pero traducirlo en alivio concreto para una sociedad que no llega a fin de mes.
Porque sin esa traducción, el orden se vuelve abstracto. Y lo abstracto no se vota.
El umbral
Argentina no está discutiendo todavía quién va a gobernar en 2027. Está discutiendo algo más profundo: si el modelo actual puede sostenerse tal como está… o si necesita transformarse para sobrevivir.
Porque en Argentina ya no alcanza con ordenar las cuentas. La política se define cuando ese orden llega —o no— a la vida cotidiana. Y cuando no llega, la historia no espera explicaciones. Cambia de rumbo.
Porque cuando la economía aprieta, la política no espera. Se adelanta. Y esta vez, ya empezó.
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