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Vicente Massot – De Tapia a Madanes

Miércoles, 25 Febrero 2026

Que faltando cuatro meses —poco más o menos— para que dé comienzo el campeonato mundial de fútbol en Estados Unidos, Canadá y México, el presidente de la AFA, Claudio Tapia, y su mano derecha, Pablo Toviggino, hayan sido citados a declaración indagatoria y se les haya impedido salir del país, revela hasta qué punto el sistema de impunidad montado por los dirigentes de aquella asociación ha comenzado a desmoronarse.

No significa lo expresado antes que la decisión del juez Diego Amarante —un magistrado de primer nivel y de honestidad comprobada— vaya a prosperar necesariamente en las instancias judiciales superiores, pero es —sin lugar a dudas— un paso que hubiera sido impensable dar en épocas del kirchnerismo gobernante.

Con base en el pedido que hiciera ARCA por la apropiación indebida de tributos y recursos de la Seguridad Social de más de $19.300 MM, Amarante no perdió tiempo y puso a los dos renombrados personajes en un brete en el que dos meses atrás nadie hubiera soñado siquiera.

No fue esta la única mala noticia que recibieron la pasada semana los dueños del futbol en la Argentina. La Inspección General de Justicia rechazó el cambio de domicilio de la AFA —de la capital federal a Pilar— que el Chiqui había instrumentado para refugiarse en tierras amigas —las que dependen de Axel Kicillof— y evitar así los controles del Estado nacional.

El montaje de un engranaje delictivo a gran escala viene de lejos. Lo inició décadas atrás Humberto Grondona, que —a diferencia de su sucesor— nunca se dejó ganar por la tentación de exhibir el lujo acumulado mientras controló a su antojo la AFA.

Por mucho que se busque, no se hallará una foto del ferretero de Avellaneda viajando en un jet privado de última generación o a un obsecuente sin cuento secarle el sudor de su nuca mientras presenciaba un partido o —menos aún— regalarle un título inventado a Rosario Central —o llegado el caso, a cualquier otro club.

Grondona sabía que la impunidad tiene límites y que ventilar riquezas mal habidas ante los ojos azorados de la sociedad podía ser suicida. Nada de esto aprendió Tapia, impulsado —quizá— por las formas con las que los Kirchner habían obrado desde 2003 hasta la asunción de Javier Milei.

Tapia y Toviggino cometieron el error de considerarse intocables.

En su desmesura, los dos compinches no tuvieron mejor idea que desafiar a la Justicia y contraatacar apelando al único recurso que tienen a mano por su conducción discrecional de la AFA y por el notable grado de obsecuencia de la totalidad de los presidentes de los clubes asociados. Lo que acaban de hacer Tapia y Toviggino no registra antecedentes en nuestra historia.

En resumidas cuentas, han tratado de extorsionar al juez interviniente y a la sociedad toda dejándola sin fútbol del 5 al 9 de marzo. O se cancelan las indagatorias o el torneo no sigue su curso natural. Se creen los amos absolutos del deporte del balompié, de los árbitros que ellos ponen y sacan semanalmente a voluntad, y del VAR, cuando menos.

Si bien el gobierno está incapacitado de intervenir la AFA por razones de conveniencia política —no puede arriesgarse a que el país resulte sancionado por la FIFA y el seleccionado de Scaloni quede fuera del Mundial— la situación del Chiqui sería incómoda —por decir lo menos— en la medida que peligrase su presencia en el partido inaugural de ese campeonato.

Es demasiado temprano para especular acerca del curso ulterior de los acontecimientos, aunque su situación luzca harto complicada. Sobre su figura sobrevuelan otras tres causas: la del desvío de fondos que suman unos U$ 50 MM a través de la empresa TourProdEnter, de Javier Faroni; la de Sur Finanzas por lavado de activos, y la concerniente a la quinta en Pilar.

Los mandamás de la Asociación del Fútbol Argentino no fueron los únicos protagonistas de la semana pasada. El cierre temporario —que será definitivo— de la empresa FATE, solapado con el paro de actividades obrado por la cúpula de la CGT, reavivó —por un lado— una discusión de larga data entre los economistas y los hombres de empresa sobre el tipo de cambio, y —por otro— fue disparador de una inmediata reacción del presidente, enderezado a expensas de Javier Madanes Quintanilla, dueño de ALUAR y de la compañía de neumáticos arriba mencionada.

Aun cuando no tengan la misma importancia, se impone un comentario acerca del contexto en el que se desenvuelve la crisis de parte de la industria nacional.

Está claro que los directivos de FATE no son parte de un complot orquestado, en combinación con determinados sectores del kirchnerismo y de la central obrera, tendiente a socavar las bases de la administración presidida por Javier Milei. Es cierto que la coincidencia de fechas —el anuncio del cierre de la fábrica de rodados se hizo a horas del comienzo de la huelga cegetista— da que pensar.

Sin embargo, de la suspicacia a la conspiración antigubernamental media un abismo. Milei levantó una hipótesis parecida cuando arremetió en contra de Paolo Rocca pocos días atrás.

Los problemas de esa empresa venían de lejos y si es verdad que, en parte, algo tiene que ver el atraso del dólar, ésa no es la sola ni la más importante razón de su caída. Por de pronto, hay un cambio de paradigma de la estructura económica mundial, producto de la irrupción china en todos los mercados imaginables.

La estrategia comercial sinoísta llegó para quedarse, y la idea de levantar barreras arancelarias o para arancelarias a los efectos de ponerle un dique es no entender la dimensión del desafío.

Además, FATE arrastra un conflicto interno, de origen sindical, que sin solución de continuidad ha seguido su curso por espacio de años. Por último —y más allá de cuánto incida el valor del dólar en el asunto— FATE no es, a esta altura, competitiva.

La convocatoria de acreedores o los cierres de empresas como FATE, PLATEX y otras por el estilo no modificaran el rumbo que le ha impreso el gobierno a la economía argentina.

En este orden de cosas a Javier Milei los problemas de capitostes de la envergadura de Javier Madanes, Paolo Roca o Teddy Karagozian no le quitan el sueño.

Hasta la próxima semana.

 

Fuente: De Tapia a Madanes – Por Vicente Massot




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