Adorni

El Ejecutivo a la defensiva – Por Vicente Massot

Manuel Adorni no es un corrupto como Amado Boudou, Julio De Vido, José López o Ricardo Echegaray —para nombrar, tan sólo, algunos personajes emblemáticos de esa fenomenal asociación ilícita que fue durante tantos años el régimen kirchnerista.

Pero no pudo resistir la tentación —por otra parte, tan común en los recién llegados al poder— de la alfombra colorada, el chofer en la puerta y los viajes en primera clase. En cualquier país medianamente serio su torpeza le hubiera costado el puesto que hoy ocupa y le queda grande.

Entre nosotros, en cambio, su avivada no pasó desapercibida pero no le hará demasiada mella. Lo crucificaron los medios y los opositores de las más distintas observancias, de la misma manera que cerraron filas junto a él las principales figuras del oficialismo.

Si hasta el mismísimo presidente creyó oportuno ensayar una defensa con arreglo al concepto económico del costo marginal, sin darse cuenta, que el argumento era tan inadecuado como el de su subordinado.

Está visto que a la hora de explicar los libertarios se complican solos.

En paralelo con el escándalo de la mujer que nunca debió subirse al avión oficial, se viralizó un viaje anterior del matrimonio —esta vez a Punta del Este— y nuevamente el ex–vocero presidencial se vio en figurillas para explicarlo.

Para colmo de males quien primero salió a quebrar una lanza en favor suyo metió la pata hasta el cuadril y cometió uno de esos furcios que ayudaron a hundirlo más a quien deseaba salvar. ¿Qué necesidad había de llegar a la ciudad esteña en un avión particular? Ninguna.

A Manuel Adorni le están contando las costillas. Hay en curso una investigación respecto del monto que paga mensualmente con sus tarjetas de crédito y su mujer también ha pasado a ser objeto de observaciones.

En el gobierno, a esta altura, algunos están convencidos de que el video que trascendió del aeropuerto de San Fernando fue difundido por alguien de adentro.

En las trincheras que ocupan Karina Milei y sus subordinados miran de reojo a Santiago Caputo y sus fuerzas del Cielo. No tienen ninguna prueba que avale semejante sospecha, pero piensan en términos conspirativos y obran en consecuencia.

El jefe de gabinete no es el único que se encuentra en problemas. El celular de Mauricio Novelli, el lobbista que le allano el camino al estadounidense Mark Hayden para que entrara a la Casa Rosada y se entrevistase con el presidente de la Nación, aportó otra noticia bomba. Un memo que fue hallado en su iPhone detallaría un supuesto acuerdo de cinco millones de dólares por el apoyo del primer magistrado al lanzamiento de $LIBRA. ¿Es verdad o un invento de Novelli?

Insultar a la prensa y acusarla de golpista, o poco menos, no conduce a nada que pueda ser favorable. Es como enojarse con el mensajero sin percibir que, si Novelli tenía ingreso frecuente a Balcarce 50 y las conversaciones entre él, su hermana y Santiago Caputo fueron innumerables, no es posible tapar el cielo con un harnero.

La estafa perpetrada por los creadores de $LIBRA y los actos de corrupción de la disuelta Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), que en su momento no pasaron a mayores y que escaso peso tuvieron en el resultado de las elecciones que se substanciaron entre junio y octubre del año pasado, de pronto, sin anunciarse, han vuelto a cobrar importancia, con la particular coincidencia que comienzan a afectar la imagen presidencial.

No así su intención de voto que sigue intacta. La última medición hecha al respecto en dos escenarios simulados —el primero de Milei vs Massa y el segundo de Milei vs Kicillof— le otorgan una ventaja al jefe de los libertarios de más de veinte puntos en ambos casos.

Por lo visto hasta aquí no hay persona en el elenco gubernamental con la capacidad y confianza para explicarle a su jefe que, del hecho de que no tenga contendientes de fuste con posibilidades de ganarle en una pulseada electoral, no se sigue que sea una estrategia inteligente plantarle cara a las acusaciones en su contra con base en los insultos.

Hay momentos en los que corresponde enfriar la cabeza, dejar de lado los arrebatos y explicar.

Los principales miembros del oficialismo —léase Javier Milei, su hermana y Manuel Adorni— han tropezado con la misma piedra que en oportunidades anteriores. Pareciera que no terminan de aprender la lección que les ofrece el pasado.

Sus pifias, reveses, porrazos y derrotas de ordinario han sido autoinfligidos. El fuego enemigo ha demostrado ser, en su caso, más benigno que el propio. Nadie los obligo a pisar el rastrillo en medio del parque. Lo hicieron ellos sin que pueda culparse a Cristina Fernández, Sergio Massa o Axel Kicillof.

Si, por un instante, pasamos de las tiendas oficialistas a las de la oposición hubo un hecho que atrajo la atención de todo el arco político y del cual fueron protagonistas excluyentes Miguel Ángel Pichetto y Cristina Fernández.

La reunión que mantuvieron dos semanas atrás en el departamento donde la ex–presidente cumple prisión domiciliaria formó parte de un plan orquestado por el rionegrino de cara a los comicios presidenciales del año próximo. El hoy diputado, que antes acompañara en la fórmula presidencial a Mauricio Macri y en su momento fuera la cabeza visible del kirchnerismo en el Senado de la Nación, perdió cualquier esperanza de sumarse a las filas libertarias y sabe que el Pro va camino de desaparecer.

Por lo tanto ha decidió volver a su viejo amor y supone que la única fuerza que podría disputarle el triunfo a La Libertad Avanza en 2027 es una amplia alianza con base en el peronismo.

Da la impresión de que su movimiento táctico, con el propósito de convencer a segmentos de la UCR, a peronistas tradicionales, al kirchnerismo en sus diferentes variantes y a otras agrupaciones menores, refractarias al mileísmo, es más un ejercicio teórico que otra cosa.

Imaginar, por caso, que los mandatarios provinciales hoy cercanos al oficialismo, lo abandonaran en pos de un candidato que bien podría provenir de las filas K, es no entender el quiebre que han producido los Kirchner dentro del PJ.

Sólo si la administración libertaria terminara en un desastre, un rejunte de voluntades tan disímiles como las que Pichetto desea unificar tendría alguna chance de competir y, con mucha suerte, ganar las elecciones venideras.

Mientras tanto, soñar no cuesta nada.

Hasta la próxima semana.

 

 

Fuentehttps://www.notiar.com.ar/index.php/opinion/140364-el-ejecutivo-a-la-defensiva-por-vicente-massot




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