De escándalos, incongruencias y conjeturas – Por Vicente Massot
¿Quién se acuerda del reciente fallo, obrado por una corte neoyorquina, que le evitó al gobierno abonar U$ 16.000 MM por la causa YPF? —Pocos si acaso algún medio han vuelto sobre el asunto en estos días.
Es como si se lo hubiera tragado la Tierra.— ¿Qué diario, radio o canal de televisión insistiría en hacer referencia a la caída a 28,2% del índice de pobreza, registrada durante el segundo semestre del año pasado, que acaba de conocerse? —Que se sepa, ninguno.—Lo que ha sucedido es bien simple y, al propio tiempo, enormemente importante en términos políticos: el escándalo protagonizado por Manuel Adorni no sólo no ha cedido sino que ha crecido, sin solución de continuidad, a un ritmo vertiginoso. Con la particular coincidencia que, en su derrotero, ha obrado el efecto de convertir en invisibles, o poco menos, a otros hechos —virtuosos o viciosos— de tanta o mayor trascendencia.
Por mucho que sea el esfuerzo de los hermanos gobernantes y de algunos de sus ministros más prestigiosos de quitarle relevancia al caso, lo cierto es que parecen remar contra la corriente. Es tal la cantidad de datos que se acumulan en contra del argumento levantado por el actual jefe del gabinete nacional para alegar su inocencia, que el esfuerzo de aquéllos luce infructuoso.
El problema que enfrenta el funcionario de mayor confianza de los dos Milei es la falta de papeles en orden. Si mínimamente hubiese hecho las cosas como se deben —aunque algún cabo quedara suelto— habría podido salir al cruce de las acusaciones enderezadas a expensas suyas con comodidad. Bastaba que su explicación resultase verosímil para que emergiera airoso del trance.
Pero a la torpeza de subir al avión oficial a su mujer, le sumó ocultamientos acerca de sus ingresos, gastos y compra de inmuebles.
En el curso de esta semana deberá declarar la escribana Nechevenko, cuyos antecedentes no son los mejores si se toma en consideración que uno de sus principales clientes fue el único prófugo de la Justicia en el caso del tráfico ilegal de la efedrina, Josué Fucks. La citada profesional también había avalado con su firma la creación de unas cuantas sociedades comerciales utilizadas, en su oportunidad, por empresarios farmacéuticos para importar esa droga.
Fruto de la casualidad —corresponde otorgar el beneficio de la duda— ella fue también la que dio fe de las escrituras del matrimonio ahora complicado, en la compra del departamento de Caballito y de la casa del country Indio-Cua, de Exaltación de La Cruz.
El oficialismo, que se ha desvivido a la hora de cubrir a su alfil y en ese cometido se han involucrado, con el mismo ímpetu, el presidente de la Nación, la hermanísima y a último momento el titular de la cartera de Economía, difícilmente pueda impedir que el jefe de gabinete deba someterse a una declaración indagatoria. Tiene a su favor que el juez de la causa es el inefable Ariel Lijo —quien, al momento de satisfacer los deseos de los poderosos de turno, es el magistrado ideal— y tiene, como principal obstáculo para salvar a Adorni, al fiscal Gerardo Pollicita, una garantía del honestidad en el ejercicio de sus funciones.
En punto al análisis, no deja de ser materia de conjeturas por qué los Milei lo sostienen a sol y a sombra, a pesar de la inconsistencia que arrastran los argumentos del ex–vocero presidencial. Por un lado, los eternos mal pensados aducen que conoce secretos de sus mandantes, de suyo inconvenientes en caso de salir a la luz. Por otro, se encuentran aquellos que ponen énfasis en algo mucho más lógico: no dar el brazo a torcer, tratando de ganar tiempo y así evitar lo que sería una derrota segura. Habría una tercera explicación y es la determinación de los dos hermanos, dispuestos a defender a su subalterno a capa y espada, más allá de si tiene o no razón.
Los mil mensajes que envió o reenvió el presidente durante las Pascuas en sus redes sociales, con el solo propósito de criticar a la prensa, lo revelan.
Da toda la impresión de que en Balcarce 50 han tomado el tema Adorni como una cruzada. Es evidente que el que hoy está sometido al fuego cruzado de los medios y la Justicia ha quedado incapacitado para ser el candidato del oficialismo a jefe de gobierno de la ciudad el año que viene. El sueño de Karina Milei se ha roto en mil pedazos. Entre otras cosas, porque Adorni no puede enfrentar una cámara sin que quede expuesto de una manera indecorosa.
Tampoco resulta imprescindible en el puesto que ocupa. Cualquiera sabe que quien mueve los hilos y maneja a los ministros a su gusto no es precisamente el jefe de gabinete. El único valor que posee para sus valedores es simbólico. No quieren que sean sus opugnadores quienes se lleven como trofeo la cabeza de Adorni.
Hubo un descenso en el respaldo de la ciudadanía a la administración libertaria en general y a la figura presidencial en particular. Ello es innegable a condición —claro— de entender que en modo alguno resultó dramático. No hay una sola encuesta que no lo dé ganador al primer magistrado en una eventual segunda vuelta de las elecciones que van a substanciarse en octubre de 2027.
Su único competidor de alguna envergadura, Axel Kicillof, forma parte de ese verdadero tren fantasma —compuesto también por Cristina Fernández, Sergio Massa y Juan Grabois— que en un posible balotaje no podría ganar ni con el aval de ultratumba de Juan Domingo Perón. Javier Milei acumula problemas por errores propios —el caso Libra ocupó media página de The New York Times hace 48 horas— y de sus laderos, sin contar con el malhumor de una parte considerable de los argentinos. A su vez, las cuentas públicas bonaerenses se hallan en un estado crítico.
La gestión del gobernador con sede en La Plata hace agua por los cuatro costados y no se vislumbra que pueda mejorar demasiado. El gobierno retrocede pero los puntos que pierde no es capaz de sumarlos en su favor ninguno de sus pobres contrincantes.
Hasta la próxima semana
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