La ingeniería social y los psicólogos — Social engineering and psychologists:

“Las bayonetas del ejército de Napoleón encontraron el camino ya allanado por un ejército invisible de libros, de opúsculos, derramados desde París a partir de la primera mitad del siglo XVIII y que habían preparado a los hombres y las instituciones para la necesaria renovación. (…) Los socialistas no tienen que sustituir un orden por otro. Tienen que instaurar el orden en sí. (…) Todos son un poco marxistas sin saberlo.”

Antonio Gramsci (Antología)

 Texto en Español: Las series de Netflix, Hollywood e industrias del entretenimiento por el estilo nos han acostumbrado a que un psicólogo es un señor de barba blanca, con una pipa, cierta calvicie, y que con un estilo solemne y cierta distancia invita a su cliente a verbalizar pensamientos y asociaciones relativas a su historia de vida, en un sillón de terciopelo, o quizás recostado en un diván. Ya se en quién estará Usted pensando: Freud, estereotipo por excelencia de esta imagen propagandística.

Pero lo cierto es que la Psicología y su historia tienen cosas más interesantes para ofrecer, y hoy deseo hablar de los psicólogos que se dedican a la ingeniería social, a la fabricación de la llamada public opinion… o como dicen los norteamericanos: “manufacturing the consent”, la fabricación del consenso público. Y vaya casualidad, porque aquí, en dicha área, sobresale nada menos que el sobrino político de Freud, Edward Bernays, sobrino de la esposa de Freud Martha Bernays. También podemos ubicar a Walter Lippmann y al psicólogo social Kurt Lewin. Todos ellos terminaron trabajando para el gobierno norteamericano de Washington aproximadamente en los años 20s hace un siglo, y seguramente haya muchos trabajando en este momento cuyos nombres nos resultan ignotos. Personalmente, considero que Bernays es infinitamente más importante que su afamado tío, pero curiosamente no se lo enseña en nuestras Universidades sudamericanas. Nosotros, quienes habitamos en un archipiélago europeo que parece desprendido de Europa por el impacto de un asteroide (me refiero a Uruguay), siempre miramos a la Europa continental, y veremos que lo que los norteamericanos llaman la fabricación del consenso público no es tan distinto que lo que se entiende por lucha por la hegemonía cultural en Gramsci, un revisionista de Marx.

¿Qué plantea Bernays? Su obra principal se titula Propaganda. Trabajando para el Comité de Información Pública del Presidente Woodrow Wilson, denominaron, junto a Walter Lippmann la manufacturación del consenso de la opinión pública a la tarea asignada por las autoridades y agencias del gobierno. Esto, hace un siglo era tarea de agencias gubernamentales federales para “moldear” la moral y el estado de ánimo de una nación en tiempos de guerras mundiales. Lisa y llanamente, Bernays afirma que las modernas sociedades democráticas (demográficamente supernumerarias) no pueden funcionar sin la inteligente manipulación de hábitos y opiniones de las masas -y nosotros hoy sabemos desde la psicología cognitiva que las opiniones no son otra cosa que hábitos mentales condicionados-, para que sean funcionales a los intereses que una élite crea buenos, útiles y convenientes. (Bernays, 2005, p. 37) Esto no es una teoría conspirativa: lea a Bernays y lo verá a texto expreso.

Instrumentos de la propaganda, entre otros, son la injerencia sobre los acontecimientos para moldearlos facticiamente, o la capitalización de la personalidad de un líder, el cual generará coyunturas peculiares que alterarán los eventos de una narrativa. Bernays se pregunta quiénes son los hombres que deciden implementar en la cultura de qué clase de chistes está permitido reírse, qué tipo de muebles y de indumentaria es agradable utilizar en nuestra vida cotidiana, si la inmigración es acaso buena o mala, qué opinamos de los impuestos, y en definitiva de todo. Piénselo: de un momento a otro, si usted es un por ejemplo un varón y va a una tienda a comprarse un Jean, de repente todos los Jean, además de rotos como los de un homeless, se volvieron Skinny o Slim. ¿Por qué? ¿Quién lo decidió? ¿A Usted la democracia popular le consultó si acaso le gusta vestirse así? Con un amigo tenemos un chiste: esto es ropa para el varón de-construido en su masculinidad.

En el caso de los ingenieros psicológicos antedichos, ellos creían poder hacerlo desde agencias federales secretas del Estado, pues la propaganda sería aquello necesario para poner orden al caos de una sociedad masiva (Bernays, 2005, p. 168). Incluso Bernays no descarta hablar de “gobierno invisible” (sic), donde unos cientos de individuos diseñan las conductas y opiniones de millones. (Bernays, 2005, pp. 59-61) Gramsci descubrirá, desde los oscuros calabozos de Mussolini, que a esta tarea la pueden llevar a cabo grupúsculos organizados en torno a un conjunto de ideas fuerza nucleares. No hace falta aclarar cuál es la ideología de estos grupúsculos, dado que Usted es un lector inteligente.

Bernays se basó en su “maestro inspirador” Lippmann, a quién él admiraba y consideraba un genio. Una de las tesis esenciales de Lippmann es que los individuos nunca conocemos en sí misma la realidad, sino que nos relacionamos, codificamos la realidad a través de representaciones mentales. Por lo tanto, se produce un triángulo: evento fáctico/ la representación que el individuo se hizo de él, pero sin embargo no vamos por la vida siendo conscientes de que lo que poseemos de los hechos son “representaciones”. Para todos nosotros, la representación pareciera ser la realidad en sí. El individuo se relaciona con estas representaciones mentales como si fueran la realidad misma. Entonces, brillantemente Lippmann propone el siguiente esquema: entre el individuo y su entorno, inexorablemente existe un “pseudo-entorno”, que son sus representaciones sobre él mismo y el mundo. A la inversa de Marx, Lippmann se da cuenta de que lo que el hombre hace, dependerá de cómo se representa su mundo, y de que no son las condiciones materiales las que determinan el ser de la consciencia como planteaba Marx. Si llevamos esto al análisis de la formación de la opinión pública, el esquema básico triangular de dicha conformación es esta: la escena real de lo acontecido, la representación de lo acontecido, y cómo los individuos se relacionan con aquello que se representan sobre lo acontecido, precisamente. La propaganda no es otra cosa que el esfuerzo de alterar este set de representaciones sobre lo acontecido y brindar otro, para así sustituir patrones de conducta social no deseados por otros deseados (es decir, deliberadamente buscados).(Lippmann, 1921, pp. 1-26)

Luego tenemos a Kurt Lewin, quien, bajo premisas similares, se dedicó a estudiar mucho la dinámica de grupos, e incluso escribió libros muy aburridos intentando formalizar matemáticamente dicha área estudiada.

Usted se estará preguntando si estas personas sólo teorizaron o si se intentó hacer algo con lo que investigaron. Bueno… el gobierno estadounidense (y otros) no contratan técnicos meramente por hobbie. En el caso de Bernays, entre muchas cosas, fue contratado para lograr que, en la fabricación del consenso público mediante propaganda, estuviera bien visto que las mujeres fumaran cigarrillos industriales. Hasta los años 20s, esto era “un tabú”, pero Bernays se dio cuenta de que los cigarrillos en labios femeninos podían simbolizar “antorchas de la libertad” contra la “opresión masculina”. Entonces, organizó movilizaciones feministas para que el día de Pascuas marcharan encendiendo estas antorchas de la libertad, y el fenómeno quedó socialmente legitimado. Gran negocio para las tabacaleras.

También fue contratado para campañas masivas de vacunación, para que el bacon se convierta en el desayuno americano por excelencia, además del derrocamiento del presidente guatemalteco Jocobo Arbenz en los años 50s, generando una public opinion de que se trataba una lucha contra el comunismo (no discutiremos aquí si lo era o no).

También estuvo a cargo de la tarea de convencer, a través de una narrativa creíble, de que los Estados Unidos llevarían la auténtica democracia a Europa tras la guerra.

Piense en la definición de propaganda que brinda Lippmann, o en lo que decía Gramsci. Si usted está leyendo esto es porque es un lector inteligente. Sólo piense en los extraños fenómenos que ve a su alrededor, y luego encárguese de sacar algunas deducciones. Lo dejo con esa tarea. Estoy seguro de que Usted es capaz de llevarla a cabo. Eso sí: no estaría nada mal aprender algunas lecciones y métodos de estos investigadores, si acaso llegáramos a la conclusión de que algo anda mal.

Psicólogo Andrés Irasuste

 

“The bayonets of Napoleon’s army found the way already paved by an invisible army of books, booklets, spilled from Paris from the first half of the 18th century and that had prepared men and institutions for the necessary renovation. (…) The socialists do not have to substitute one order for another. They have to establish ‘the’ order itself. (…) Everyone is a bit Marxist without knowing it.”

Antonio Gramsci (Anthology)

Text in English: Netflix, Hollywood and entertainment industries in general have accustomed us to the fact that a psychologist is a gentleman with a white beard, a pipe, some baldness, and that with a solemn style and some distance he invites they clients to verbalize thoughts and associations related to their life story, in a velvet armchair, or perhaps lying on a couch. I already know who you will be thinking about: Freud, stereotype par excellence of this propaganda image.

But the truth is that Psychology and its history have more interesting things to offer, and today I want to talk about psychologists who are dedicated to social engineering, to the manufacture of the so-called public opinion… or as the Americans say: “manufacturing the consent ”, the makeup of public consensus. And what a coincidence, because at this point, in that area, nothing less than Freud’s political nephew, Edward Bernays, nephew of Freud’s wife Martha Bernays really stands out. We can also locate Walter Lippmann and the social psychologist Kurt Lewin. All of them ended up working for the US government in Washington approximately in the 20s a century ago, and surely nowadays there are many working there whose names are unknown to us. Personally, I think Bernays is infinitely more important than his famous uncle, but interestingly, he is not taught at our South American Universities. We, who live in an European archipelago that seems detached from Europe by the impact of an asteroid (I mean Uruguay), always look at continental Europe, and we will see that what Americans call the construction of public consensusis not so different what is understood by the struggle for cultural hegemony in Gramsci, a Marxist revisionist.

What does Bernays pose? His main work is titled Propaganda. Working for the Public Information Committee of President Woodrow Wilson, they named, together with Walter Lippmann, the manufacturing of the consensus of public opinion to the task assigned by government authorities and public agencies. This, a century ago, was the task of federal government agencies to “mold” the morale and mood of a nation in times of world wars. Plain and simple, Bernays affirms that modern democratic societies (demographically supernumerary) cannot function without the intelligent manipulation of habits and opinions of the masses – and today we know using cognitive psychology that opinions are nothing other than conditioned mental habits – , so that they are functional to the interests that an elite considers good, useful and convenient. (Bernays, 2005, p. 37) This is not a conspiracy theory: please read Bernays and you will see it in express text.

Propaganda instruments, among others, are the interference on events to mold them factually, or the capitalization of a leader’s personality, which will generate peculiar junctures that will alter the events of a narrative. Bernays wonders who are the men who decide to implement in the culture what kind of jokes are allowed to laugh about, what kind of furniture and clothing is nice to wear in our daily lives, if immigration is perhaps good or bad, what we think about taxes, and everything. Just think about it: from one moment to another, if you are a man, for example, and go to a store to buy a jean, suddenly all jeans, in addition to broken ones like those of homeless people, became Skinny or Slim. Why? Who decided it? Were you asked by popular democracy if you like to dress that way? With a friend we have a joke: this is clothing for the de-built male in his masculinity.

In the case of the aforementioned psychological engineers, they believed they could do so from secret federal agencies of the State, since propaganda would be necessary to bring order to the chaos of a massive society (Bernays, 2005, p. 168). Even Bernays does not rule out talking about “invisible government” (sic), where a few hundred individuals design the behaviors and opinions of millions. (Bernays, 2005, pp. 59-61) Gramsci will discover, from Mussolini’s dark dungeons, that organized groups around a set of nuclear force ideas can carry this out. It is not necessary to clarify what the ideology of these groups is, because you are an intelligent reader.

Bernays admired his “inspiring teacher” Lippmann, whom he considered a genius. One of the essential theses of Lippmann is that individuals never know reality itself, but that we relate, we codify reality through mental representations. Therefore, a triangle is produced: the factual event / the representation that the individual made of it, but nevertheless we do not go through life thinking that what we got of the facts are “representations”. For all of us, representation seems to be the reality itself. The individual relates to these mental representations as if they were reality itself. Then, brilliantly Lippmann proposes the following scheme: between the individual and their environment, there is inexorably a “pseudo-environment”, which are their representations about themselves and the world. On the contrary to Marx, Lippmann realizes that what man does will depend on how his/her world is represented, and that it is not the material conditions that determine the being of consciousness as Marx put it. If we take this to the analysis of the formation of public opinion, the basic triangular scheme of this conformation is this: the real scene of what happened, the representation of what happened, and how individuals relate to what is represented about what happened precisely. Propaganda is nothing other thing than the effort to alter this set of representations about what happened and provide another, in order to replace unwanted social behavior patterns with other desired ones (that is, deliberately sought after).(Lippmann, 1921, pp. 1-26)

Then we have Kurt Lewin, who, under similar premises, devoted himself to study group dynamics a lot, and even wrote very boring books trying to formalize mathematically this studied area.

You may be wondering if all these people only theorized or if they tried to do something with what they investigated. Well … the US government (and others) does not hire technicians merely for hobby. In the case of Bernays, among many things, he was hired to ensure that, in the manufacture of public consensus through propaganda, it turned out to be well seen that women smoked industrial cigarettes. Until the 20s, this was “a taboo,” but Bernays realized that cigarettes on female lips could symbolize “torches of freedom” against “male oppression.” Then, he organized feminist mobilizations so in Easter Day they marched by lighting these torches of freedom, and the phenomenon was socially legitimized. A big deal for tobacco companies.

He was also hired for mass vaccination campaigns, so that bacon becomes the quintessential American breakfast, in addition to the overthrow of Guatemalan President Jocob Arbenz in the 50s, generating a public opinion that it was a fight against communism (we won’t discuss here whether he was or not a communist).

Bernays was also in charge of the task of convincing, through a credible narrative, that the United States would bring true Democracy to Europe after the war.

Just think of the definition of propaganda provided by Lippmann, or what Gramsci said. If you are reading this, it is because you are an intelligent reader. Just think about the strange phenomena that you see around you everyday, and then take care to get some deductions. I entrust you, dear reader, that task. I am sure that you are able to carry it out. Of course: it would not be bad to learn some lessons and methods from these researchers, if we were to conclude that something is wrong amongst us.

Psychologist Andres Irasuste




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