Socialdemocracia, depresión y suicidio — Social democracy, depression and suicide

“A veces parece que el ideal de muchos conservadores, y también de muchos socialdemócratas, es poner a todos en una jaula y obligarlos a hacer aquello que los conservadores o los socialdemócratas consideran ético. Por supuesto, serían jaulas de estilos diferentes, pero jaulas de todos modos. Los conservadores prohibirían el sexo ilícito, las drogas, el juego y el ateísmo, y obligarían a todos a actuar según su versión del comportamiento ético y religioso. Los socialdemócratas prohibirían las películas violentas, la publicidad antiestética, el fútbol americano y la discriminación racial, y, en el extremo, pondrían a todos en una “Caja de Skinner” dirigida por un dictador socialdemócrata supuestamente benévolo. Pero en ambos casos el efecto sería el mismo: reducir a todos a un nivel infrahumano y privarlos de la parte más preciada de su humanidad: la libertad de elección.”

Murray Rothbard

Socialdemocracia, depresión y suicidio — Social democracy, depression and suicide:

 

Español: Advertencia para mentes sensibles: esta no es una reflexión pensada desde la filosofía política ni las ciencias políticas. Tampoco haré referencias a facciones partidarias concretas ni a ningún país de manera única. Esto tampoco es un paper académico, sino la reflexión de viernes a la noche de un psicólogo (tras una semana de estrés), desde un recóndito país austral, no tan lejos de la Antártida mientras contempla su copa de vino. Es decir, se trata de una reflexión pensada para lectores que no tienen por qué estar especializados en Psicología.

De lo que hablaré es de un “modelo”, al cual llamaré aquí la socialdemocracia, el cual, respaldado en un consenso cultural basado en ideas hegemónicas, conforma ese “justo medio” al que las masas, más o menos por intuición, más o menos por conveniencia, siguen y legitiman en las urnas en diversos países, para que de ese modo, este modelo, a través de los aparatos y agencias del Estado, termine determinando y dando forma al cuerpo social y las conductas humanas.

¿Qué es la socialdemocracia? La socialdemocracia comenzó siendo una herejía del comunismo organizado a fines del siglo XIX. Ahí tenemos a figuras como Bernstein, quienes estaban dispuestos a abandonar aquello de la dictadura del proletariado para adoptar la democracia parlamentaria y las urnas, e ir efectuando progresivamente los cambios rumbo al socialismo. Lenin se burlaba socarronamente de ellos, en obras como El Estado y la Revolución, a quienes tildaba de señoritas que se sentaban en la falda de la burguesía, cobardes, traidores, etc. Luego de la Segunda Guerra Mundial, esto adquirió diversos revisionismos, pero en esencia, siempre se sospecha que el anhelo de base permanece siempre latente. Conocida es la frase del ex Canciller alemán Konrad Adenauer: “Tanto Mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario.” Bajo esta premisa, la vida parece bella. Suena razonable, ¿verdad? Suena como el justo centro, racional, prudente, conciliador, sano, justo para todas y todos. Una pregunta que uno podría hacerse es: ¿quiénes pujarán, en la hora final, más fuerte para mover el espectro de lo que ellos consideran el justo centro al que una sociedad debería llegar? Como dijo una vez el filósofo Robert Nisbet, el socialismo se encuentra en el extremo opuesto al conservadurismo, y el liberalismo queda a mitad de camino.

Las personas de izquierda, al menos su Intelligentzia formada y organizada, tienen esto más que claro, pero daría la impresión de que los liberales, entretenidos con planillas de Excel y el último modelo de Macbook, no lo tienen tan claro. No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta quiénes cinchan con más fuerza de la cuerda del consenso cultural, alineando un centro cada vez más funcional a su conveniencia.

Por otro lado, otra posible consideración sobre este “prudente centro” de la socialdemocracia, nos lo brinda el famoso sociólogo británico, otrora asesor del propio Tony Blair, Anthony Giddens, en su obra La Tercera Vía y sus críticos. El ítem esencial para rescatar aquí de lo que plantea Giddens es que una sociedad que permite la “infiltración” excesiva de la economía de libre mercado fracasará en la vida pública. Entonces, la socialdemocracia deberá buscar reconciliar el crecimiento dinámico de la economía con los supuestos básicos del Welfare State (Estado de Bienestar), maximizando la “igualdad de oportunidades”, y limitando la “desigualdad de resultados” en aras de una sociedad igualitaria. Lo curioso es que se considere a Giddens un renovador de la socialdemocracia, dado que esto es lo que los socialdemócratas de siempre han propuesto en esencia, desde Bernstein a Roosevelt, y de Olof Palme y Lord Keynes a Konrad Adenauer. Tampoco se necesita ser demasiado inteligente para darse cuenta de que, si pisamos a fondo el acelerador de la Historia, se termina en el socialismo.  Los suecos saben de esto: en los 80s, casi se vuelven un país socialista que extraía el 70% de los ingresos de sus ciudadanos, pero el sistema colapsó, y hoy son una economía muy abierta y competitiva (los suecos son muy inteligentes), aunque conservan el Estado Paternalista. Le comento un dato curioso: hace muchas décadas, el profesor e historiador sueco Göran Lindahl vino a Uruguay a estudiar nuestro modelo, cuando se decía que nosotros éramos “la Suiza de América”. Suecia…¡aprendió de Uruguay! Pero en los años 80s no le fue demasiado bien.

Lo más gracioso, es que en la página 63 (Edición en español), Giddens reconoce que la transferencia forzada de recursos a través del Estado de los más ricos a los más pobres a través de programas sociales ha fracasado, porque no sólo perpetúa la pobreza que ya existe, sino que además crea nueva pobreza, cuestión que en esencia ya la planteaba el sociólogo norteamericano Charles Murray en su libro Losing Ground, a quien hordas enteras de “Antifas” y personas sensibles de todo tipo le han boicoteado conferencias, y maldecido en diversos medios de prensa progresistas desde los años 80s, demonizando su investigación como si del anticristo se tratase. A su vez, daría la impresión de que los “socialdemócratas” de América Latina no han llegado a la página 63 de la obra de Giddens. Recomiendo la lectura de Losing Ground, de Charles Murray:

 

Efectuadas estas breves consideraciones sobre la socialdemocracia, no haré otra cosa sino desarrollar la metáfora del filósofo Murray Rothbard, quien asocia en la cita inicial la socialdemocracia con una “Caja de Skinner” (Skinner Box). A continuación, mostramos un video de lo que es una Skinner Box:

No es otra cosa que un dispositivo diseñado por este psicólogo conductista norteamericano para someter sus hipótesis a pruebas experimentales. La idea esencial es simple: una rata jala una palanca para obtener comida, lo cual es un mecanismo que implica un aprendizaje, y es recompensada. A su vez, se le coloca un “estímulo discriminativo”, como un juego de luces, entonces la rata aprende que debe pulsar el botón o palanca con dicho estímulo discriminativo para seguirse satisfaciendo con más comida. A esto, Skinner le llamó “condicionamiento operante” a través de un ‘modelado de conducta”.

Piénselo un segundo, Ud. quien es un buen ciudadano que habita en el espectro del consenso socialdemócrata: usted puja el botón de la necesidad y adquiere un derecho. Usted puja el botón de la indefensión y el dispositivo del Welfare lo compensa con un subsidio. Usted pulsa el botón del léxico proferido por otro ciudadano, el cual usted autopercibe que es ofensivo, y el dispositivo le devuelve beneficios penales e indemnizaciones. Usted pulsa el botón del discurso de la claudicación existencial y le descuentan el IVA de su Coca Cola. Desde luego, se entiende que los aparatos públicos encargados de esto son las agencias estatales, siempre, siempre manejadas por individuos humanos y no por ideas bienintencionadas y abstractas. Dependiendo de en qué país viva, puede que hasta le den una casa, y una instructora “gratis” de lengua vernácula. Incluso le pueden otorgar su dosis “gratis” de droga si es un sujeto drogodependiente aparentemente irremediable, para que no distorsione el orden público cuando llega el síndrome de abstinencia.

Pero nada es gratis: el Estado no produce riqueza, la extrae coactivamente de los contribuyentes. Como dijo una vez un profesor de la Universidad de Chicago, no existe tal cosa como un almuerzo gratis. Este profesor también dijo algo muy interesante: el Estado de Bienestar es dinero que pasamos de nuestro bolsillo derecho de nuestro pantalón al bolsillo izquierdo. Los países deben ser muy cuidadosos con esto, pues si el bolsillo del pantalón está roto, en medio de dicho proceso, habrá dinero que “desaparecerá”. Y como ningún almuerzo es gratis, alguien pagará la cuenta al final del día.

Ahora deseo mostrar algunas gráficas. Observe por ejemplo ésta:

En ella yo observo algo muy concreto: los países con un Welfare fuerte y sostenido en el tiempo están hacia arriba del gráfico. Los países que no lo tienen (Singapur, país desarrollado casi 100% de economía abierta y privada) se halla abajo. No pareciera que se pueda culpar a la “sociedad de consumo”. Usted me dirá: pero sin Welfare no podemos tener una buena calidad de vida. Me temo que en la Universidad le han mentido. Echemos un vistazo por ejemplo a cómo funciona la sanidad en Singapur:

Liberia, país africano extremadamente caliginoso y pobre, donde incluso hubo una guerra civil entre facciones con prácticas de canibalismo lideradas por el guerrillero marxista Butt Naked, sin ningún desarrollo ni producción de riqueza con valor agregado, y mucho menos un Welfare, también está en el extremo inferior. Por algún motivo, las ratas de la Skinner Box repletas de comida aun así están tristes y se suicidan mucho más.

Ahora vemos esta otra, que confirma mi última hipótesis:

A mayor reporte de satisfacción de vida, más suicidio. ¿Curioso, cierto? Una interesante paradoja.

Veamos una última gráfica:

Esto no sorprende para nada: a mayor prevalencia de trastorno depresivo, mayor suicidio. Usted verá que Uruguay, país que ostenta un portentoso discurso de Estado de Bienestar en el contexto latinoamericano, está bastante arriba en la medición, de hecho, está por encima de la media mundial. Algo no funciona bien con la socialdemocracia, con la Skinner Box. El Estado Paternalista anula el deseo de ser un individuo emprendedor, de ser un self-made man, lo que el psicólogo Maslow denominaba persona auto realizada. La Skinner Box hace que su cerebro segregue menos serotonina; no necesita ser emprendedor, sólo presione un botón. Si su cerebro se lo permite, intente escuchar esta producción cultural… podría haber salido de Uruguay, excepto que nosotros tenemos luz solar:

¿Es que, sabe usted una cosa, estimado lector? La rata de la Skinner Box tiene asegurada la comida, pero no es libre. Habita en una prisión de cristal.  Además, ¿y si la Skinner Box “falla”, suponiendo que sea un buen dispositivo? ¿Y si no dispensa más comida para recompensar a la rata? Ahí habrá furia, enojo, violencia social. Es que la falta de serotonina en el cerebro tiene otro efecto: reacciones violentas de ira y explosiones anímicas. La otra cara del individuo depresivo. Y en una eventual situación de caos social, como muy bien dijo el pensador austríaco Erik Ritter von Kuehnelt-Leddihn, prefiero ser aplastado por las garras de un león, que ser devorado lentamente por mil ratas.

Sí, ya se lo que usted estará pensando: esto es reduccionismo. En efecto, las personas no solo se suicidan por padecer trastorno depresivo; existen muchas más afecciones mentales. Además, existen elementos que van desde la genética individual hasta factores de vulnerabilidad psicoemocional en la historia de vida de esa persona. No estoy intentando hallar una “única causa”, pero observo una curiosa correlación.

No existe tal cosa como un almuerzo gratis… a veces cuesta la vida misma. La pregunta del millón es: ¿alguno de los gladiadores de la arena política de las partidocracias de diversos países se animará a romper el consenso socialdemócrata de una buena vez para proponer algo distinto…?

 

Psicólogo Andrés Irasuste

 

¨ Sometimes it seems that the ideal of many conservatives, and also of many social democrats, is to put everyone in a cage and force them to do what conservatives or social democrats consider ethical. Of course, they would be cages of different styles, but cages anyway. Conservatives would ban illicit sex, drugs, gambling and atheism, and forced everyone to act according to their version of ethical and religious behavior. The Social Democrats would ban violent movies, unsightly publicity, American football and racial discrimination, and, in the end, they would put everyone in a “Skinner Box”, run by a supposedly benevolent social-democratic dictator. But in both cases, the effect would be the same: reduce everyone to an infrahuman and private level of the most precious part of their humanity: freedom of choice. ¨

Murray Rothbard

 

 English text: Warning for sensitive minds: this is not an analysis about political philosophy or political science. Nor will I refer to specific party factions or to any country in a single way. This is not an “academic paper” either, but the thinking of a Psychologist’s Friday night (after a week of stress and work), from a remote southern country, not so far from Antarctica while I am contemplating my glass of wine. That is, it is a reflection designed for readers who do not have to be specialized in Psychology.

 

What I will talk about is a “model”, which I call here “social democracy”, which, backed by a cultural consensus based on hegemonic ideas, set what we could name as the “just medium” to which the crowds, more or less by intuition, more or less for convenience, support and legitimize at the polls in various countries, so that this model, through State apparatus and its agencies, ends up determining and shaping the social body and our human behavior.

What is social democracy? Social democracy began as a heresy of organized communism at the end of the 19th century. There we have figures like Bernstein, who were willing to abandon that issue of the dictatorship of the proletariat to adopt parliamentary democracy and the polls, and progressively make changes towards socialism someday. Lenin mocked derisively at them, in works such as The State and the Revolution, where he identified they as young ladies who sat on the bourgeoisie’s skirts, cowards, traitors, and so on. After the Second World War, this acquired several revisionisms, but in essence, it is always suspected that the basic nostalgia remains always latent. It is known the phrase of the former German Chancellor Konrad Adenauer: “As much Market as possible, as much State as necessary.” Under this premise, life seems beautiful. Sounds reasonable, right? Sounds like the right center, sounds rational, prudent, conciliatory, healthy, fair to everyone. One question that one might ask is: who will bid, in the final hour, stronger to move the spectrum of what he or she consider the right point that a society should reach? You can move the “fair center” at any given time. As philosopher Robert Nisbet once said, socialism is the opposite of conservatism, and liberalism is halfway there. The people on the Left, at least their formed and organized Intelligentzia, got this more than clear, but it would give the impression that the liberals and Neocons, entertained with Excel sheets and the latest Macbook model, are not so clear about it. It is not necessary to be very intelligent to realize who pulls the most to the rope of the cultural consensus, aligning an increasingly functional center at his/her convenience.

On the other hand, another possible consideration of this “prudent spectrum” of social democracy is given to us by the famous British sociologist, once an advisor hired by Tony Blair, Anthony Giddens, in his work The Third Way and his critics. The essential item to rescue here from what Giddens says is that a society that allows excessive “infiltration” of the free market economy will fail in public life. Then, social democracy must seek to reconcile the dynamic growth of the economy with the basic assumptions of the Welfare State, maximizing “equal opportunities”, and limiting “inequality of results” for the sake of an egalitarian society. The funny thing here is that Giddens is considered a renovator of social democracy, since this is what the social democrats have always proposed in essence, from Bernstein to Roosevelt, and from Olof Palme, Lord Keynes to Konrad Adenauer. You don’t need to be too smart to realize that, if we carry this all stepped on the accelerator of History, it ends in socialism. Swedes know about this: in the 80s, they almost became a socialist country that extracted 70% of its citizens’ incomes, but the system collapsed, and today they are a very open and competitive economy (Swedes are very intelligent people), although they keep the Paternalistic State. I comment a curious fact: many decades ago, the Swedish professor and historian Göran Lindahl came to Uruguay to study our model, when it was said that Uruguay  was “the Switzerland of America”. Sweden … learned from Uruguay !! In the 80s years it did not go too well for Sweden.

The funny thing here (once again) is that on page 63 (Spanish edition), Giddens recognizes that the forced transfer of resources through the State from the richest to the poorest through social programs has failed, because it not only perpetuates poverty that already exists, but also creates new one, an issue that essentially long before concluded the American sociologist Charles Murray in his book Losing Ground, to whom whole hordes of “Antifas” and sensitive people of all kinds have boycotted conferences, and cursed in various Progressive press media from the 80s until our days, demonizing his investigation as if it was the antichrist. In turn, it would seem that the “social democrats” of Latin America have not reached page 63 of Giddens’ work. I recommend the reading of Losing Ground, of Charles Murray:

Having made these brief considerations about social democracy, I will do nothing but develop the metaphor of the philosopher Murray Rothbard, who already associated social democracy in the initial quote with the “Skinner Box.” Here is a video of what a Skinner Box is:

A Skinner Box is nothing, but a device designed by this American behavioral psychologist to submit their hypotheses to experimental tests. The essential idea is very simple: a rat pulls a lever or button to get food, which is a mechanism that involves new learning, and is rewarded with more food. In turn, a “discriminative stimulus” is placed, such as a changing play of lights, so the rat learns that it must pull the button or lever with the discriminative stimulus to continue satisfying itself with food. This is what Skinner called “operant conditioning” through ‘behavior shaping.”

Just think about it for a second, you who are a good citizen who lives in the spectrum of social democratic consensus: you push the button of necessity and acquire a right. You push the defenseless button and the Welfare device compensates you with a subsidy. You press the button of the lexicon uttered by another citizen, which you perceive to be offensive, and the device returns criminal benefits or legal rewards to you. You press the button of the speech of the existential claudication and the VAT tax is discounted in your Coca Cola ticket. Of course, it is understood that the public devices responsible for this are the State’s agencies, always, always managed by human individuals and not by well-intentioned abstract ideas. Depending on which country you live in, you may even be given a house for free, and a “free” vernacular language instructor. The Skinner Box can even give you your “free” dose of drugs if you are a seemingly irremediable drug-dependent person, so that you do not distort public order when abstinence syndrome occurs. But nothing is free: The State does not produce wealth; it extracts it coercively from taxpayers. As a professor at the University of Chicago once said, there is no such a thing as a free lunch. This teacher also said something very interesting: The Welfare State is money that we pass from our right pocket of our pants to the left pocket. Countries should be very careful with this, because if the pants’ pocket is broken, in the middle of this process, there will be money that will “disappear”. And since no lunch is free, someone will pay the bill at the end of the day. Yes.

Now I want to show some graphics. Observe for example this:

In it I observe something very concrete: countries with a strong and sustained Welfare State over time are above. The countries that do not have it (Singapore, a developed country almost 100% open and free market economy) is below. It does not seem that the “consumer society” can be blamed. You will tell me: but without Welfare we cannot have a good quality of life. I fear that you have been lied at the University. Let’s take a look, for example, at how health system works in Singapore:

Liberia, an extremely caliginous and poor African country, where there was even a civil war between factions with cannibalism practices led by Marxist guerrilla Butt Naked, without any development or production of added value wealth, much less a Welfare State, is also at the lower end. For some reason, Skinner Box rats full of delicious food are still sad and commit suicide much more than others.

Now we see this one, which confirms my last hypothesis:

The more life satisfaction report, the more suicide. Curious, right? An interesting paradox.

Let’s see one last graph:

This is not surprising at all: the higher the prevalence of depressive disorder, the greater the suicide rate. You will see that Uruguay, a country that boasts a marvelous Welfare State discourse in the Latin American context, is quite high in measurement, in fact, it is above the world average. Something does not work well with social democracy. The Paternalistic State annuls the desire to be an entrepreneurial individual, to be a self-made man, what psychologist Maslow called a self-realized person. The Skinner Box causes your brain to secrete less serotonin; You don’t need to be an entrepreneur, just press a button. If your brain allows it, try listening to this cultural production … it could be produced in Uruguay, except that we have sunlight:

Do you know something, dear reader? The Skinner Box’s rat is covered by food, but the rat (and the food) are not free. The rat lives in a crystal prison. Besides, what if the Skinner Box “fails”, assuming that it is a good device? What if it doesn’t give more food to reward the rat? There will be anger, social violence. It is that the lack of serotonin in the brain has another effect: violent reactions of anger and mood explosions. This is the other side of the depressive person. And in an eventual situation of social chaos, as Austrian thinker Erik Ritter von Kuehnelt-Leddihn very well said, I prefer to be smashed by the claws of a lion, than to be slowly devoured by a thousand rats.

Yes, I know what you could be thinking: this is reductionism. In fact, people not only commit suicide because they suffer depressive disorder; There are many more mental conditions. In addition, there are elements that range from individual genetics to psycho-emotional vulnerability factors during the person’s life history. I do not try to find a “single cause”, but I observe a curious correlation.

There is no such a thing as a free lunch … sometimes it costs life itself. The million-dollar question is: will any of the gladiators of the political arena of the parties of diverse countries be encouraged to break the social democratic consensus once and for all to propose something different …?

 

Psychologist Andrés Irasuste

 

 

 

 

 

 

 




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